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Alberto Chimal

"El gato del viajero del tiempo (díptico invertido)
 
No hay que ponerle “Miau” a los gatos: lo primero que hizo el del Viajero del Tiempo, lo primero, fue ir y perdérsele de vista en algún siglo. El Viajero no vio cuál: además de que la gran mayoría se parece, la máquina iba a toda velocidad. Sólo una ventanilla estaba entreabierta, pero un gato, como se sabe, puede escapar por donde sea.
 
Y así, durante un periodo indeterminado, el Viajero buscó a su gato por las eras prehistóricas y los futuros remotos, por los tiempos despoblados y los repletos, por los siglos de belleza y los de horror.
 
Es por esto que en todas las épocas, sin excepción, se cuenta la leyenda del Loco: el hombre que va por campos y ciudades, sin detenerse, siempre angustiado, gritando:
 
—¡Miau! ¡Miau! ¡Miau!

I
 
El Viajero del Tiempo encontró a su gato en una bolsa de papel en un callejón infecto en una ciudad oscura en un siglo amargo. Era un cachorro sucio y tembloroso. Tenía los ojos cerrados por una infección y la panza hinchada de parásitos. Sólo viviría si alguien le daba largos cuidados.
 
El Viajero pensó que el lugar y el tiempo en el que estaba se parecían a muchos. Pensó también en lugares aún más horribles, de los que sabía: templos de la crueldad contra toda criatura viviente. Por los pasillos del tiempo se oiría siempre el eco de muchas voces doloridas. Y él, con su bolsa de papel en la mano, caminando de vuelta hacia su máquina, a enmendar aunque fuera una sola cosa.

 
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